Pequeños cambios, grandes revoluciones

Esta historia empieza hace 8 años cuando llegamos, contra todo pronóstico, a Necoclí, Urabá antioqueño, a cultivar nuestro primer bosque de cacao.

Por muchos años, esta región ha cargado con el lastre de la violencia y todo lo que esto significa: pobreza, inequidad, falta de educación, pérdida del sentido de la vida y de la esperanza.

Luker en su llegada decide no solo tener el mejor cultivo de Cacao Fino de Aroma en el país, sino convertirse en un modelo de sostenibilidad donde las personas fueran el centro, el fin último.

Después de 7 años de impactos positivos en las comunidades vecinas a las 550 hectáreas de bosque de cacao, en el 2017 uno de los corregimientos más beneficiados del proyecto tomó la iniciativa de la mano del equipo de El Sueño de Chocolate, de celebrar esta llegada histórica de la compañía a sus vidas a través de un festival.

Caribia, un territorio donde no había llegado el Estado, ni otras empresas privadas, no había celebrado ninguna festividad en años, no tenía fiesta patronal y esta era la mejor oportunidad para iniciar una nueva tradición: El Festival del Cacao.

En el 2017 inició este hito para las comunidades afro-caribes, afro-chocoanas e indígenas que habitan este territorio. La fiesta y la celebración fueron un éxito; hoy incluso lo comparan con la llegada de la energía eléctrica hace 40 años. Así que había que continuar con la tradición, hacerla patrimonio del territorio, convertirla en la celebración de la cosecha de cacao y de sus efectos en la vida de los locales.

Y así fue, en el 2018 decidimos hacerla nuevamente y ahora estamos planeando, como un solo equipo, entre Luker Chocolate, los locales, los líderes comunitarios y la Fundación Luker, lo que será el festival más esperando del año.

Esta planeación ha supuesto grandes revoluciones desde hechos que, en principio, parecían irrelevantes como la definición de la agenda de actividades que se iban a desarrollar. Juntos empezamos a reunirnos para definir cronogramas, personas, presupuestos, aliados, actividades, etc.

Durante este proceso de consensos y disertaciones descubrimos la importancia del diálogo cultural, social, empático y respetuoso entre las creencias de unos y otros.

La primera propuesta de la comunidad incluía temas como peleas de gallos, reinados de belleza, recorridos en moto, pero también presentaciones culturales, muestras gastronómicas, bailes, cantos y miles de cosas más que los identificaban. Luker, por su lado, presentaba concursos de fotografía, talleres de manualidades, catas de chocolate y otras que también nos representaban.
En ambas propuestas había enormes coincidencias que nos hacían sentir un solo sueño, un solo propósito. Pero a su vez, como es natural en el encuentro de culturas, habían diferencias en algunos temas. Y como siempre lo hemos hecho, decidimos empezar a tejer, a encontramos en la mitad a través del diálogo.

Teníamos dos temas que nos distanciaban: las peleas de gallos y el reinado de belleza, tan tradicional en la cultura colombiana. Así que sobre estos temas empezamos a conversar.

Desde la compañía, de manera muy respetuosa, propusimos ir haciendo un cambio, no hacer las peleas de gallos y empezar a generar conciencia ambiental y animal. Por otro lado, con el reinado, propusimos una transición que creíamos que iba a tardar: pasar de celebrar y honrar la belleza física de la mujer a honrar y reconocer el talento de esta y su rol en los más de 5 grupos étnicos que conviven en el mismo territorio.

Nuestra postura respetuosa de la cultura arraigada pretendía que con el tiempo fuéramos modificando creencias y comportamientos, y que el Festival del Cacao pudiera reflejar una manera conjunta de ver la vida, donde las personas, los animales, la naturaleza y la cultura merecían el mayor de los respetos.

Tuvimos una gran sorpresa, una hermosa sorpresa.

Nuestras propuestas, lejos de ser desechadas y generar discordias, fueron inmediatamente comprendidas, pero además de eso vimos cómo ya estaban incorporadas estas posturas en ellos de manera individual. Todos en su propia reflexión personal habían tenido estas inquietudes, pero no habían llegado a lo colectivo y el Festival del Cacao se estaba convirtiendo en un vehículo para esto, para poner ciertos temas sobre la mesa.

En una conversación de planeación se le dedico más de una hora y media a reflexionar sobre el reinado de belleza; se tocaron temas liderados por ellos mismos alrededor del gran talento de sus mujeres, del cambio de comprensión sobre el rol de la mujer, de su importancia en la cultura y de las diferencias entre una y otra etnia en ese entendimiento. Se reflexionó sobre lo que significa poner a una joven a desfilar en una pasarela en un territorio por años machista, el riesgo que representa y el mensaje que esto envía a los niños y niñas.

Fue increíble ver y oír en las voces de aquellos a quienes a veces se les considera no educados o atrasados en tendencias del mundo, cómo desean aportar a la equidad de género, al empoderamiento femenino, a la educación en derechos humanos, cómo el vehículo para logralo es un festival que en este caso no significa una fiesta común sino un ritual, un encuentro para crear valores, para reinterpretar creencias y para celebrar la abundancia y las oportunidades que un producto, el cacao, les ha llevado a sus vidas.
Igual sucedió con la pelea de gallos, el consenso alrededor de este tema fue muy rápido y todos decidimos resaltar valores de cuidado al medio ambiente que esta práctica no refleja y por lo tanto fue eliminada de esta agenda.

Salimos de este encuentro no solo con una agenda nueva, con concursos de mujeres talento y con recorridos ambientales, sino también con la firme convicción de que estas acciones que a veces no parecen tener tanto impacto, como un festival, al final no son más que la manifestación de la reinterpretación de la cultura de una comunidad y su encuentro con otras creencias y comunidades.

Fuimos testigos de un cambio que en un país de tradiciones no es fácil presenciar todos los días. El Festival del Cacao 2018 fue un homenaje a los agricultores, a las mujeres, a los animales y a la naturaleza.

En tres días estaremos viviendo la tercera edición de este encuentro mágico, El Festival del Cacao 2019, ¡Bienvenidos sean todos!

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